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A 6 años del 'cállate chachalaca' que AMLO le dijo a Fox

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Andrés Manuel López Obrador
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Promedio global

Por Miguel Ángel Vargas V.  @Marca_Personal

Ya pasaron 6 años de que Andrés Manuel López Obrador le dijera al entonces presidente Vicente Fox “cállate chachalaca”, frase que persiguió al tabasqueño durante la elección presidencial de 2006.

La frase que dio pie para que sus adversarios la utilizaran para hacer una campaña negra, como él mismo la llamó, se originó en Oaxaca.

Era 15 de marzo, y el entonces candidato presidencial de la Coalición por el Bien de Todos (PRD, PT y Convergencia) hizo su primera parada en el municipio de Ocotlán de Morelos, a 40 kilómetros del sur de la capital oaxaqueña.

Ahí se refirió a las críticas del entonces presidente Vicente Fox a su propuesta de bajar los precios de los combustibles. “¡Cállese, ciudadano presidente!, deje de estar gritando como chachalaca”, dijo el tabasqueño ese miércoles. Pero ésa no sería la frase que sería inmortalizada en varios spots del Partido Acción Nacional (PAN).

El “cállate chachalaca”, vino un día después. El jueves 16 de marzo, todavía en Oaxaca, en el municipio de Tehuantepec, se refirió al presidente Fox como “la chachalaca mayor” y de manera pausada le espetó: “¡Cállate chachalaca!”. Esa noche los principales noticieros de televisión en el país repetirían ese video, después harían lo mismo diversos spots firmados por el PAN.

Faltaban 109 días para la elección presidencial y ese “¡cállate chachalaca!” era el inicio y un elemento simbólico, pero central, de lo que el equipo de López Obrador llamaría la “campaña negra” en su contra.

RELACIONES COMPLICADAS

El inicio de la conflictiva relación entre quien fuera el primer panista en llegar a la Presidencia de la República y Andrés Manuel López Obrador se había originado varios años antes.

Cuando ambos asumieron sus respectivos cargos en diciembre de 2000, parecía que la relación sería tersa, pero no fue así.

Con sólo dos meses encabezando el Gobierno del Distrito Federal (GDF), López Obrador se manifestó en contra de la aplicación del horario de verano en la capital, disputa que llegó a la Suprema Corte y, al final, el round lo ganaría Fox pues la medida se aplicó también en el DF.

Las disputas entre el mandatario capitalino y el federal continuaron. Razones no faltaron: que si el IVA a alimentos y medicinas, que si las participaciones presupuestales para el gasto en educación de la capital y que si el Seguro Popular debía o no implementarse en la Ciudad de México.

Uno de los pleitos más graves llegó a inicios de marzo de 2004 con los llamados "videoescándalos", que vinculaban a Gustavo Ponce y René Bejarano, colaboradores cercanos de López Obrador, en presuntos actos de corrupción.

Otro se daría en diciembre de ese mismo año, cuando Fox destituyó al secretario de Seguridad Pública capitalino, Marcelo Ebrard Casaubón, por el linchamiento de dos policías federales en Tláhuac, quienes fueron señalados por los habitantes de esa delegación, como presuntos delincuentes.

Después del episodio de Tláhuac, y conforme se iban acercando los tiempos de la sucesión presidencial, las disputas fueron en aumento y los tintes político-electorales de los diferendos fueron más evidentes.

También en 2004 se responsabilizó al gobierno capitalino de violar una orden judicial que exigía la suspensión de la construcción de una vialidad en un terreno previamente expropiado.

El 7 de abril de 2005 una mayoría en la Cámara de Diputados votó el desafuero del titular del GDF para que éste fuera procesado judicialmente por dicho caso, proceso que le impedía al tabasqueño  participar en el proceso electoral para competir por la Presidencia de la República.

Tres semanas después, el presidente Fox sorpresivamente aceptó la renuncia del procurador General de la República, Rafael Macedo de la Concha, y anunció que el nuevo titular de la PGR revisaría el expediente contra López Obrador.

“La Procuraduría revisará de manera exhaustiva el expediente de consignación del jefe de Gobierno del DF, buscando preservar dentro del marco de la ley la mayor armonía política del país”, explicó Fox en un mensaje transmitido por televisión la noche del 27 de abril de 2005.

“Mi gobierno a nadie impedirá participar en la próxima contienda federal”, añadió el entonces presidente.

Aunque la tensión disminuyó luego de que el proceso judicial contra López Obrador no prosperara, estuvo lejos de ser un camino exento de problemas.

En los meses posteriores al desafuero, repetidamente se le escucharon al presidente Fox declaraciones relacionadas con la contienda electoral del 2 de julio de 2006.

El tabasqueño criticó la intromisión presidencial y en sus recorridos de campaña, sus dichos fueron subiendo de tono, tomando forma, hasta que la queja se sintetizó en una frase emblemática: “Cállate chachalaca”.

LAS CONSECUENCIAS

La importancia del “cállate chachalaca” espetado por Andrés Manuel López Obrador en marzo de 2006, no radicó en la frase en sí, sino en cómo fue utilizada por sus contrincantes.

“La expresión en sí era muy normal para un mitin, y la verdad no es el único que le decía esto al presidente Fox; el mismo Luis Carlos Ugalde, entonces consejero presidente del IFE, ya le había dicho que dejara de meterse en la elección”, recuerda Roy Campos, director de la encuestadora Consulta Mitofsky.

Para Campos, la frase no marcó el punto de inflexión, más bien lo hizo la campaña en la que estas palabras fueron usadas.

“Fue un punto de inflexión la campaña que, a partir de esa expresión, se instrumentó contra López Obrador para ponerlo como un peligro para México”, explica Campos.

Entre finales de marzo e inicios de abril de 2006, comenzaron a difundirse spots que utilizaban el “cállate chachalaca”.

En uno de estos mensajes se relacionaba al perredista con el presidente venezolano Hugo Chávez, y se calificaba a ambos de intolerantes.

En el spot de 19 segundos Chávez le decía a Fox: “no se meta conmigo caballero, porque sale espinado”. Después aparecía AMLO diciéndole a Fox: “cállate chachala”,  y se concluía con un “No a la intolerancia”.

“Así, los panistas iniciaron una campaña en la que presentaban a López Obrador como el émulo de Chávez”, recuerda Silvia Gutiérrez Vidrio, investigadora de la UAM, en su artículo titulado “La construcción de la imagen de López Obrador en los spots de sus adversarios”.

A finales de marzo de 2006, la encuesta de Consulta Mitofsky ya marcaba una caída en la intención de voto por AMLO sobre la medición previa.

Si a finales de febrero le daba una ventaja de 9 puntos porcentuales al tabasqueño (39 a 30%), un mes después registraba una desventaja de un punto frente a Felipe Calderón (34 a 35%).

Otra encuestadora, Demotecnia, le daba también 9 puntos de ventaja a AMLO sobre Calderón (38 a 29%) en los días en que el perredista dijo por primera vez el “cállate chachalaca”. Un mes después, la agencia ya le daba una ventaja de 3 puntos al candidato del PAN (33 a 36%).

La encuesta de Ulises Beltrán–BGC le daba en la tercera semana de marzo un margen de 2% a favor de López Obrador (36 a 34%), pero un mes más tarde ya reportaba una ventaja de 5 puntos para Calderón (32 a 37%).

En mayo, en lo que después se denominaría el “efecto chachalaca”, se registraba una enorme caída con respecto a la opinión sobre López Obrador.

Si en junio de 2005 quienes tenían una opinión “algo o muy positiva” del perredista menos los que tenían una opinión “algo o muy negativa”, era de 51% en la encuesta de Parametría, en marzo de 2006 había caído a 31%, en abril a 22% y en mayo al 8%.

“El factor más importante y que ha llevado al candidato perredista a perder su ventaja inicial y cerrar la elección, tiene que ver con el efecto de las campañas negativas en su contra, las cuales han afectado sensiblemente su imagen, pues se encuentra en su punto más bajo en la serie de Parametría en cerca de tres años”, explicaba Francisco Abundis, director de Parametría, en la exposición de los resultados de su encuesta de mayo de 2006.

“El viejo adagio de que es más fácil destruir que construir, se ha cumplido en el candidato del PRD; el mensaje que más ha impactado en el electorado, en lo que  toca a modificar la opinión sobre López Obrador, es el de haber callado al presidente y llamarlo 'chachalaca'”, añadía Abundis. 

El efecto quizás se magnificó por la lentitud y por el tipo de respuesta emprendida. “Debió haberle seguido y haber convertido en positivo el ‘cállate chachalaca’; decir ‘te lo vuelvo a decir, no te metas Fox’, y no rajarse, hasta pudo decir ‘claro que soy intolerante, no tolero la intromisión, ni la corrupción’”, dice Roy Campos.

Pero no lo hizo, y el resultado oficial de la elección presidencial del 2006 marcó una desventaja de 0.56% del total de votos a favor del candidato del PAN, el hoy presidente Felipe Calderón.

Seis años después, con esta experiencia a cuestas, Andrés Manuel ya no manda callar a nadie; en 2012 concentra sus esfuerzos discursivos en el amor, la reconciliación y la transformación del país. “Es sincero nuestro llamado a la reconciliación”, asegura López Obrador, dejando atrás la frase célebre “cállate chachalaca”.

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